top of page

Homenaje a mi padre

Pacay Tree empezó hace muchos años, tantos que ya no recuerdo siquiera cuántos fueron. Fue un miércoles, o quizás un Jueves Santo, cuando llegué —de la mano de mi padre— al valle frutero donde él creció. Fui a regañadientes y con algunas dificultades de salud, pero todos los malestares desaparecieron en el momento en que mi padre decidió trepar un árbol silvestre de pacay. Para mí fue una sorpresa muy grande verlo deslizarse con tanta agilidad entre las ramas, cosechando tal cantidad de fruta .

Él era médico de profesión, un señor que vestía a diario terno y corbata, muy serio y circunspecto en la ciudad, pero en el campo se convirtió, ante mis ojos, en un ágil e intrépido jovencito, deslumbrado por los sabores de un valle que no hacía más que brillar por sus cosechas y sus atardeceres carmesíes. En ese momento pensé: todo es posible cuando uno se lo propone; no importa cuánto tiempo pase, no importan las circunstancias que nos envuelvan. Todo es posible cuando uno así lo quiere. Ese día mi padre llegó a la cima del árbol de pacay más grande que he visto en mi vida y me hice la promesa que un día yo imitaría sus pasos.

Muchos años después, mientras buscaba una luz que guiara mi camino, regresó a mí la imagen del árbol de pacay y la adopté como símbolo de perseverancia y lucha por mis sueños. Compré este dominio para hacer tangible esa visión, ese momento de conexión única que hubo entre mi padre y yo. Era niña en ese entonces, pero recuerdo claramente el brillo del sol en sus mejillas, el verdor de los árboles y las fragancias de una tierra más que fértil que nos regalaba, a nuestro paso, los más exquisitos y variados frutos.

 

Papá ya no está más conmigo. Lo imagino en una pradera eterna junto a su madre, a quien amó por sobre todas las cosas. Lo imagino divirtiéndose con sus amigos de infancia, contemplando amaneceres infinitos, respirando aire limpio y fragante.

Estoy muy orgullosa de todo lo que mi padre logró en vida: fue un profesional respetado y reconocido por su comunidad; fue compasivo con el necesitado y, sobre todo, fue un luchador hasta el final. Hoy es un ejemplo a seguir para sus nietos.

Recientemente estuve pensando qué destino debía darle a esta página y decidí convertirla en un tributo a quien me inspiró esperanza, empoderamiento, valor y decisión. Esta página está dedicada a mi padre y a todos los padres que dejan a sus hijos un legado motivador, que son el motor, la fuerza que nosotros, los hijos, necesitamos para salir adelante. 

Te quiero y te sigo necesitando como ese día, papá. Vuelve en sueños con una canasta de fruta después de haber trepado nuevamente aquel hermoso árbol de pacay, o como le dicen tus nietos: Pacay Tree.

Q.E.P.D V.R.O

bottom of page